Preparación de entrevistas · 6 min read

Negociar salario en la entrevista: qué decir y cuándo decirlo

La pregunta del dinero casi nunca llega en buen momento. Aparece en el minuto cinco de la llamada con selección, antes de que sepas qué incluye de verdad el puesto. Lo que contestes ahí marca el techo de todo lo que venga después.

Por qué preguntan tan pronto

En España la pregunta por las expectativas salariales es rutinaria, y muchas ofertas la piden ya en el propio formulario de candidatura. No es una trampa, es un filtro barato. Una llamada de media hora que acaba en desacuerdo económico es media hora perdida para los dos.

El problema es la asimetría. Quien te llama conoce la banda aprobada, sabe lo que cobra el equipo y lo que aceptó la última persona contratada. Tú tienes el título del puesto y cuatro líneas de descripción.

Por eso en las primeras rondas el objetivo no es ganar la negociación, sino seguir en la conversación sin quedarte atado a una cifra que luego lamentes.

Aplazar sin parecer que esquivas

Negarse a contestar no sale bien. Aquí se espera una horquilla, y quien no da ninguna acaba pareciendo complicado. Otra cosa distinta es soltar la cifra en el segundo cero.

Frases que funcionan de verdad:

  • "Prefiero entender bien el alcance antes de dar una cifra. ¿Tenéis una banda aprobada para la posición?"
  • "Sin problema. Ahora mismo me muevo entre 38.000 y 44.000 brutos anuales. ¿Encaja con lo que tenéis previsto?"
  • "¿El bruto que manejáis es en 12 o en 14 pagas, y lleva variable asociado?"

Todas terminan en pregunta. Es deliberado: una negativa deja un silencio, y ese silencio lo acabas rellenando tú, casi siempre a la baja.

Si insisten por segunda vez, da la horquilla. Esquivar tres veces seguidas hace que te descarten antes de llegar a la entrevista técnica.

Bruto anual, y en cuántas pagas

Un error muy común es decir "40.000" a secas. Cuarenta mil brutos en 12 pagas y cuarenta mil en 14 pagas dan el mismo anual pero una nómina mensual distinta, y la gente compara mentalmente la nómina, no el anual.

Di siempre la fórmula completa: "42.000 brutos anuales, sin contar variable." Y comprueba si el convenio colectivo de tu sector fija un mínimo para tu categoría, porque en bastantes sectores lo fija y eso juega a tu favor si te ofrecen por debajo.

En México, Colombia o Argentina la referencia habitual es el sueldo mensual, y hay que sumar aparte el aguinaldo o las prestaciones por encima de ley. Si negocias entre países, aclara la unidad antes de discutir el número.

Construir una horquilla que puedas defender

Ancla alto dentro de lo razonable y justifica con el alcance del puesto, nunca con tus necesidades. Nadie ha subido una oferta porque al candidato le haya subido la hipoteca.

  1. Busca datos reales: los informes anuales de retribución de las consultoras de selección, ofertas comparables publicadas y, sobre todo, dos personas que hagan ese trabajo hoy.
  2. Pon el suelo de tu horquilla en una cifra que aceptarías sin rencor. Ese suelo es lo que te van a ofrecer.
  3. Estrecha el rango. 38-44 es una horquilla. 30-55 le dice a la empresa que no sabes cuánto vales.
  4. Ata la parte alta a una responsabilidad concreta: "Ese nivel corresponde a un puesto donde llevo el proyecto de principio a fin, no donde ejecuto un plan decidido por otro."

El cuarto punto es el que marca la diferencia. Decir 44 lo sabe hacer cualquiera. Explicar por qué el puesto, tal y como lo habéis descrito, vale 44, ya no tanto.

Qué cambia en cada fase

La llamada de selección

Quien llama filtra, no decide el importe. Sé breve, da la horquilla si insisten y no pelees aquí por dos mil euros.

La entrevista con el responsable

Aquí se construye la posición real, y es donde más candidatos la desperdician. El responsable decide en qué nivel te encaja, y el nivel pesa mucho más que cualquier regateo del final.

Deja de venderte y haz que hable del puesto. ¿Qué se está quedando sin hacer? ¿Qué no consiguió sacar adelante la persona anterior? Cada respuesta es munición para más tarde: "Comentaste que ahora mismo nadie lleva la relación con los proveedores. Eso es justo lo que asumiría, y por eso me sitúo en la parte alta de la horquilla."

La ronda final

A estas alturas la banda ya está clara y lo que se discute es dónde caes dentro de ella. Recupera de forma explícita lo que se habló antes. Si el alcance ha crecido respecto a la oferta publicada, dilo antes de que redacten la propuesta. Cambiar de nivel después obliga a reabrir aprobaciones internas y nadie quiere eso.

Lo que debilita tu posición

Cuatro errores, y casi todo el mundo comete dos.

Dar una cifra sin nada detrás. En cuanto no sabes explicar de dónde salen tus 42.000, esos 42.000 se vuelven negociables hacia abajo.

Pedir perdón. "Perdona, igual es mucho, pero..." Todo lo que va después del "pero" ya vale menos.

Negociar contra ti mismo. Dices 42. Silencio al otro lado. Añades "aunque tengo flexibilidad". Acabas de bajarte el precio tú solo. Di la cifra y calla. El silencio incomoda, pero normalmente es alguien tomando notas.

Partir de tu sueldo actual. Si estás mal pagado, anclar en lo que cobras hoy prolonga ese mal pago otros tres años.

Las reglas cambian según el país

En buena parte de Estados Unidos ya es ilegal preguntar por el historial salarial, y varios estados obligan a publicar la banda o a facilitarla si el candidato la pide. Si te entrevistas allí, pídela sin rodeos.

En Francia, las "prétentions salariales" se preguntan de forma estándar y muchas veces por escrito, dentro de la propia candidatura. Allí callarse queda raro, no astuto. Conviene dar el bruto anual y aclarar si incluye variable.

Y dentro del propio mercado hispanohablante la unidad cambia lo suficiente como para provocar malentendidos serios: bruto anual en España, sueldo mensual más aguinaldo en buena parte de Latinoamérica.

Antes de tu próxima llamada

Apunta dos frases: tu horquilla en bruto anual con las pagas incluidas, y la responsabilidad concreta que justifica la parte alta. Léelas antes de descolgar. La mayoría de las negociaciones se pierden en los cuatro segundos en los que alguien, pillado por sorpresa, se inventa una cifra.

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