Cartas de presentación · 3 min read

Cómo escribir una carta de presentación que se lea (y no se ojee)

Una carta de presentación tiene un trabajo que el currículum no puede hacer: explicar la conexión entre tú y este puesto concreto, con voz propia. La mayoría de las cartas lo desperdician repitiendo el currículum en peor prosa. Quien lee ya tiene el currículum. Dile lo que no dice.

Abre con lo importante, no con un calentamiento

«Me dirijo a usted para expresar mi interés en el puesto de...» no le aporta nada que el asunto no dijera ya. Peor aún, gasta la frase más leída en una formalidad. Abre con la razón real de tu encaje, en una frase que solo se podría haber escrito para este puesto.

Algo así: «Buscáis un responsable de contenidos porque el blog tiene volumen pero ningún hilo conductor; ese es exactamente el problema que pasé dos años resolviendo en mi puesto anterior». Esa frase muestra que leíste la oferta, entendiste la necesidad de fondo y tienes un argumento relevante. Tres cosas, una frase, sin calentamiento.

Que el centro hable de ellos y luego de ti

El cuerpo son dos párrafos cortos, no cinco. El primero conecta una necesidad real del puesto con una prueba concreta de tu experiencia. No «tengo buenas dotes de comunicación» sino la situación, qué hiciste, qué pasó. El segundo puede abordar lo que el currículum plantea pero no resuelve: un cambio de carrera, un hueco, un giro. Eso el currículum no puede sostenerlo, así que ahí es donde la carta justifica su sitio.

Escribe como se lo explicarías a un colega despierto tomando un café, no como un escrito judicial. Los responsables de selección leen decenas. La que suena como una persona diciendo algo verdadero destaca frente a una pila que suena a plantilla con el nombre de la empresa cambiado.

Corta cada frase que cabría en cualquier carta

Haz esta prueba en cada línea: ¿podría esta misma frase aparecer en una carta para un puesto completamente distinto? Si sí, es relleno. «Soy un trabajador incansable, con espíritu de equipo y pasión por la excelencia» sirve para cualquier puesto en cualquier empresa, así que no sirve para este. La concreción es todo el juego. Un detalle sobre su producto, su problema o tu resultado concreto vale más que tres frases de adjetivos.

El cierre es una petición, no un agradecimiento

Termina diciendo claramente qué quieres: una conversación sobre el puesto. «Me encantaría hablar de cómo abordaría los primeros noventa días» es un cierre con movimiento hacia delante. «Gracias por considerar mi candidatura» es educado y olvidable. Se puede ser educado y directo; elige la versión que le da una acción a quien lee.

Una nota sobre extensión y esfuerzo

Menos de una página. De forma realista, unas 250 a 350 palabras. Una carta larga no parece minuciosa; parece sin revisar. Si te presentas a muchas ofertas, lo honesto no es una carta genérica enviada a todas partes. Es una plantilla ajustada donde la apertura y el párrafo central se reescriben de verdad por puesto, ya que son las únicas partes que alguien lee con atención. La misma disciplina de contenido que hace funcionar un buen currículum aplica aquí: di lo concreto, corta lo demás.

La carta que funciona no es la más pulida. Es aquella en la que quien lee termina el primer párrafo y piensa: esta persona entendió de verdad lo que necesitamos. Llega hasta ahí y el resto es fácil.

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