La entrevista va bien, respondiste las preguntas y entonces llega el momento incómodo: el entrevistador dice "eso es todo por mi parte, ¿tienes algo más?". Lo que hagas en los siguientes noventa segundos se queda. El efecto de recencia juega a tu favor si lo aprovechas, y en tu contra si murmuras "no, creo que ya está todo" y te vas.
Por qué el cierre importa más de lo que debería
Los entrevistadores son humanos y la memoria es desigual. Recuerdan el inicio y el final de una conversación con más nitidez que la parte central. No puedes rehacer el inicio, pero el final depende por completo de ti. Un cierre seguro y concreto puede levantar una entrevista media, y uno plano puede desinflar una buena.
El objetivo no es actuar. Es dejar tres cosas: una señal clara de que quieres el puesto, una razón de que encajas y una idea de lo que viene después. Hazlo y habrás usado el efecto de recencia en vez de desperdiciarlo.
Haz primero una pregunta de verdad
Cuando te den la palabra, nunca digas que no tienes preguntas. Se interpreta como poco interés aunque estés convencido. Ten dos o tres preparadas y haz la que la conversación no haya resuelto ya.
Las buenas preguntas de cierre miran hacia delante:
- ¿Cómo se ve el éxito en este puesto en los primeros seis meses?
- ¿Cuál será el mayor reto que afrontará pronto quien asuma el puesto?
- ¿Cómo describirías la forma de trabajar del equipo en una semana normal?
Cumplen doble función. Te dan información que necesitas y señalan que ya piensas en hacer el trabajo, no solo en conseguirlo. Evita en esta fase las preguntas sobre salario o vacaciones, salvo que el entrevistador abriera el tema.
Expresa tu interés con claridad
Tras las preguntas, di que quieres el puesto. En voz alta. Un número sorprendente de buenos candidatos nunca expresa interés, y los entrevistadores notan esa ausencia. No hace falta un discurso. Una o dos frases que nombren el puesto y una razón concreta:
Este es exactamente el tipo de problema en el que quiero trabajar, y el enfoque del equipo encaja con mi forma de trabajar. Me encantaría ser tenido en cuenta.
Eso es todo. Es directo sin ser suplicante. Lo que separa la seguridad de la desesperación es la concreción: un candidato que nombra una razón real suena seguro, mientras que "aceptaría cualquier cosa, lo necesito de verdad" suena a alarma.
Confirma el siguiente paso y cumple
Antes de irte, averigua qué pasa después y cuándo. Un simple "¿cuáles son los siguientes pasos?" te da un calendario y te ahorra una semana mirando el correo. Si dicen que deciden el viernes y el viernes pasa, ya tienes un motivo para hacer seguimiento.
Luego haz el seguimiento de verdad. Una nota breve de agradecimiento en un día, que mencione algo concreto de la conversación, te mantiene presente mientras deciden. No tiene que ser larga. Tiene que ser rápida y específica.
Un último punto. El mejor cierre se apoya en una buena parte central: ayuda llegar conociendo el puesto lo bastante para hacer preguntas afiladas y conectar tu experiencia con él. Esa preparación empieza por descifrar la oferta y compararla con tu CV. Si estás actualizando ese CV, algunos generan un primer borrador desde su perfil de LinkedIn con una herramienta como Postulit para que la experiencia que citarán en la sala ya esté organizada.
En la próxima entrevista, planea los dos últimos minutos antes de entrar: una pregunta orientada al futuro, una declaración clara de interés, una pregunta sobre los siguientes pasos. Ese es un cierre que funciona.